Cómo ser parisino

Lo sé, ansiabais esta entrada, cosa que entiendo. Los parisinos tienen bastante fama de ser elegantes, refinados, apuestos y , vamos a decirlo, estirados.

Sé que la curiosidad os corroe: ¿cómo será un verdadero parisino? Debo admitir que mi estudio no ha sido demasiado detallado, ya que he conocido a muy pocos parisinos, y las pocas con los que he tenido mínimamente trato han sido de sexo femenino. Pero una lleva realizando su trabajo de campo día si día también de forma minuciosa y creo que puedo dar el perfil adecuado o al menos aproximado.

En primer lugar, un parisino es elegante. Este estereotipo se cumple a la perfección: pelo perfectamente cortado, casual, abrigo largo y, el complemento que hace que detectes a todo francés y urbanita parisino: zapatos en punta. No falla, el calzado perfecto.

En segundo lugar, sus cascos. Da igual ir de punta en blanco, es algo que no puede faltar. Porque sin ellos no consiguen lograr el aspecto desenfadado que tanto les gusta a las parisinas.

En tercer lugar: coge la bici siempre que puedas. Al utilizar este vehículo como medio de transporte me he dado cuenta que en la mayoría de los casos son ellos los que se suben a la vélib y no tanto ellas. Posiblemente se deba a que les gusta contonearse para dejarse ver, pero, ¡cuidado! Estos seres tan elegantes corren mucho, y al ir con cascos, es posible que se estampen contigo y no te oigan maldecirles.

Pasamos al cuarto punto: no sin mi espacio. Es bastante contradictorio cuando París es una ciudad donde menos espacio hay entre personas en el mundo. Exagero. Pero es fácil sentir la sensación de «no tengo espacio vital» con ellos. Bien, pues ellos como son los dueños de la ciudad se ensanchan: en el tranvía, en el bus, en el metro. Y como no tienen inconveniente en que tu invadas sus espacio vital les da igual. Por supuesto siempre van utilizando el móvil, andando, en el transporte,  y cuando están en éste nada de cogerse a la barra del metro, por favor, eso es cosa de turistas y ellos tienen mucha clase. (Entiendo que no quieran cogerse, París no es una de las ciudades más limpias del mundo que digamos). Este aspecto cambia en los restaurantes: ahí puedes casi sentir la respiración del tipo que se sienta detrás de ti o chocar hombro con hombro con el de al lado. Podrían crear el hashtag #adoropegarmealosdemás.

Punto quinto: tienen un aire de superioridad que no pueden con él. Lo siento, y vais a perdonarme, pero no miran al suelo. Su mirada no suele descender demasiado de la altura de sus hombros. Todo lo que ven es panorámico. ¿Esto qué quiere decir? Pues muy sencillo, que no se mueven cuando andan por la calle de su ruta. Posiblemente te estamparás con ellos antes que decidan mover mínimamente su trayectoria.

Sexto aspecto: la cortesía. Esto es algo generalizado de los franceses, pero con los parisinos es de grado superlativo. Siempre que vayas en un medio de transporte te mirarán de reojo antes de sentarse ellos en un asiento: se asegurarán de que no decides sentarte porque, como buen caballero, un hombre jamás debe dejar sus posaderas en un asiento antes que darle la posibilidad a ella. Y los extra educados te preguntarán, para asegurarse que no realizan ningún acto descortés.

El séptimo punto lo comparten con ellas: el aire desenfadado. Tienen clase, claro, viven en una de las ciudades más importantes del mundo ( y no les digas lo contrario), saben vestir, poseen conocimientos en cultura, pero aparentarán que no es así, (falso, les encanta fardar de eso), y por supuesto, la mayoría lleva un iPhone 6 en su mano. Lo importante es que no parezcan ser lo que son (pero aunque ellos no lo sepan no pueden intentar ser lo que no son).

Y por último, la octava y posiblemente la característica que más rabia nos da a todos los extranjeros que venimos a esta ciudad: la no amabilidad. He sabido ir detrás de alguno preguntando donde estaba algún sitio y se han hecho completamente los suecos. He de reconocer que en una ocasión un chico se paró, dejó su maletín en el suelo, y me ayudó a encontrar una calle. Pero a sabiendas de equivocarme, pondría la mano en el fuego y aseguraría que el susodicho no era parisino.

No pasa nada: tenéis la Torre Eiffel, Notre Dame, la Revolución, plazas emblemáticas, la repostería y una república asentada y buena. No se puede tener también la amabilidad. Pero se puede practicar.

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