Sabor a nuevo

Dicen que empezar una nueva etapa siempre es ilusionante y que al comienzo nos invaden millones de sensaciones que no nos dejan ver con perspectiva si el camino tomado es el más adecuado para nosotros. Por eso, tras varias experiencias de este tipo, he aprendido una serie de pautas a seguir a la hora de dar comienzo a una nueva etapa.

En primer lugar, déjate sorprender. Puede que el miedo o los nervios te impidan ver las cosas con perspectiva. No temas si tardas más de lo que se considera habitual en ampliar tu óptica, lo importante es que te tomes las cosas con calma para ser capaz de juzgar tu nueva situación tras varios días o semanas.

Segundo, y no menos importante, créate unos hábitos. Bien es sabido que los seres humanos nos movemos por simples costumbres que nos hacen ser y comportarnos de determinadas maneras: ponernos una hora para hacer deporte, ir a comprar, comer, actos que nos harán más llevaderos los primeros días de nuestra experiencia.

En tercer lugar, disfruta de esa sensación de lo nuevo: la gente, el trabajo, la casa. Todo eso que captes al principio determinará tu estancia, así que procura empaparte de ello sin juzgar demasiado, sólo observa.

En cuarto lugar, no dejes de hacer planes. Siempre que aterrizamos en un nuevo escenario tendemos a gastar tantas energías en lo que debemos descubrir que perdemos mucho tiempo, para compensar, en «no hacer nada». Es importante descansar pero no te olvides que en exceso sólo te hará sentirte más desubicado.

En quinto lugar: conoce tu entorno. El barrio en el que vivas va a convertirse en tu hogar, y como tal, debes de conocer que hay en él: la tienda del barrio, la farmacia más cercana, la panadería, parada de metro, supermercado y todas esas cosas necesarias en nuestro día a día.

El sexto punto es hacer cosas de guiri. No pasa nada si vas a la plaza más concurrida, o visitas el bar que sale en más guías. Los primeros meses son para eso, para descubrir todo lo recomendable y poco a poco realizar tu lista de aquello que realmente lo es para ti.

Y por último, haz aquello que veas. Hasta que nos convertimos en ciudadanos del lugar es beneficioso tender a realizar aquello que los demás hacen, siempre y cuando se asemeje a lo que tú eres. Pero siempre ante la duda, y aunque esto vaya un poco en contra de mis principios, sigue a la masa. Normalmente donde va la gente hay algo interesante por descubrir, y ya tendrás tiempo de juzgarlo.

Al fin y al cabo, lo inexplorado es maravilloso, pero todo lo que hagamos en ese nuevo lugar sólo debe hacernos sumar, nunca restar. Así que, como dicen los franceses, ¡courage! 

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