No es que espere demasiado de una capital, pero pisar su asfalto duele, estremece, irradia días pesados de palabras que se juntan en una sola estación. Y los coches, y las rutinas, y los viejos y pesados andares de una persona perdida en la grandeza de la rutinidad no permiten ver más allá de lo inmensamente afortunados que podemos ser. Madrid te da todo y te lo quita a partes iguales, es cosmopolita pero es castiza. Es perdedora pero triunfante. Y si piensas demasiado en ella verás que eres afortunado por tenerla cerca. Te puede dar mucho así que cuidado con lo que esperes alcanzar, porque quizá lo alcances.
