El minimalismo ha llegado para quedarse un tiempo. Cansados de la sobre información, los excesivos tiempos, la carga diaria de necesaria atención, aparece produciendo un clic cerebral a nuestro hábito automatizado, el microteatro.
Reconozco que, aunque me guste este género, no era el que más había consumido hasta ahora. Sin embargo, hace un par de semanas en mi acelerada necesidad de conocer la ciudad en la que me encuentro, empecé a bucear por infinidad de páginas hasta dar con el microteatro de Rosa Casuso. Obras de alrededor de diez minutos, y que en total duraban una hora entre ellas, fue lo que me provocó la curiosidad de acudir a una de sus citas los jueves por la tarde en su estudio de actores. De entrada, he de reconocer que no esperaba una actuación de primera, ya que al ser un estudio tendí a pensar, inequívocamente, que los figurantes no serían de alto nivel. Nada más lejos de la realidad, ya que me sorprendí muy gratamente con la interpretación. Y las historias que ejecutaron fueron humanas, plagadas de situaciones que se viven a diario. Se tocaron distintos ámbitos como el familiar, el de pareja, de amistad, apariencia social, el deseo, la vejez y los miedos, que consiguieron destapar humor encapsulado en metáforas con mucha crítica social.
Merece la pena darle esta oportunidad minimalista al teatro.


