El aprendizaje de un idioma requiere de constancia y práctica. La actitud es clave para afrontarlo sin bochorno ni miedo a equivocarse. Estudiar una lengua tiene como objetivo poder comunicarte con ella, pero desde los años ochenta y hasta comienzos del siglo XXI, la prioridad en la enseñanza era conocer la gramática y tener fluidez en la expresión escrita.
Ese es quizá el motivo por el que nos cuesta hablar en otros idiomas. Seguramente, conectados a esa idea, somos más permisivos con los extranjeros que aprenden español, y por ende, tendemos a ser poco exigentes con nuestro nivel.
Expresión escrita y oral
Se le añade lo deteriorada que tenemos la expresión escrita y oral por el reiterado uso incorrecto que le damos a muchas palabras. Desde que los nuevos dispositivos que transportamos en bolsillos, bolsos o mochilas entraran a formar parte de nuestra rutina, nos ha convertido en meros espectadores pasivos cuando vemos “avrir” y no “abrir” o “comico” y no “cómico”.
Para un extranjero es un problema porque la be y la uve se pronuncian igual, y les cuesta entender los casos de tubo, recipiente cilíndrico, y tuvo, pasado del verbo tener. Por cierto, es una errata muy cometida por los niños pequeños españoles.
Tildes y bilingüismo
Otro ejemplo es lo normalizado que tenemos en olvidar las tildes como si fuera una falta ortográfica que no tiene mucha importancia cuando, en ocasiones, cambia el significado de la palabra llevarla (más) o no llevarla (mas). Para los extranjeros es arduo entender que las esdrújulas siempre las acentuamos y que las llanas y las agudas tienen sus reglas.
Casualidad o causalidad, estos ejemplos de descuido a nuestra cultura coinciden con las principales dudas ortográficas que cometen los extranjeros cuando estudian el español.
Encuesta INE
Según la Encuesta sobre la Participación de la Población Adulta en las Actividades de Aprendizaje difundida por el INE (Instituto Nacional de Estadística) en el año 2016, más de la mitad de los españoles hablaba un segundo idioma distinto de su lengua materna. El 40% era el inglés.
Es bueno que tengamos ese conocimiento del anglosajón, pero no olvidemos que si no lo tenemos del español, potenciaremos las dudas ortográficas que tienen los que deciden conocer nuestra lengua.


