Abecedario

¿Habéis escuchado alguna vez el famoso A, B y C? Es una manera de referirse a lo que debes hacer en cada momento de tu vida: encontrar el trabajo adecuado, quemarte en este y otros trabajos para promocionar, encontrar a la pareja adecuada para pasar el resto de tu vida, y no vale equivocarse en la elección, y tener hijos.

Luego viene el D, E y F, que es entrar en el club de ser padre: comprarle todo lo que los demás madres y padres dicen que es «imprescindible» para sus primeros años, después elegir el mejor colegio, para que tenga el mejor desarrollo de todos, y educarlo conforme a ese famoso A, B y C. Esto es más extenso pero considero que son los padres y madres los que deberían desarrollar este ítem, no quiero apropiarme de esta voz.

Como decía, diría que depende mucho de las etapas de cada uno, ya que hay personas con 20 que parecen personas de 35, y viceversa, pero normalmente el A, B y C debes empezar a cumplirlo entre los 25 y los 30. ¿Qué ya tienes esos años? Pues vas tarde…

Cerca de los 30 llega el reloj biológico, en esto caso hablo de las mujeres, que se activa o mejor dicho, comienza a moverse hacia la meta. Es como jugar al Monopoli, o al Parchís, o imaginaros el juego de mesa que más os guste. Estás viendo la casilla de llegada, te quedan x casillas para alcanzarla, con tus dudas, tus preguntas sin respuesta y bum, ahí llega ese maravilloso aderezo de las famosas preguntas que, perdonad que os diga a los que estáis al otro lado, podéis evitaros y están fuera de lugar: ¿Y para cuándo los hijos, que se pasa el arroz? ¿Quieres tener hijos? ¿Cuándo tendrás hijos?

Da igual que tengas pareja, que estés solter@, que seas judío, cristiano o budista. Da igual porque llegó tú hora, y no puedes tardar mucho en cumplir lo que se espera de ti.

Francamente, no sé si los que viven el esquema establecido se lo preguntan, no sé si alguien les han cogido aparte para preguntarles, ¿realmente esto te hace feliz? Lo maravilloso de vivir en la época en la que vivimos es que, se supone, no tenemos tantas ideas preconcebidas de la vida, y podemos moldear las fichas del dominó cómo nos de la gana.

Pero, aquí viene el ser social, la comparación con los otros; la ética; los cánones, lo que nos dicen que es adecuado, esa especie de manto que nos cubre que no nos permite hacer lo que queramos porque, no, eso no es lo «correcto».

En esta vida tan acelerada, en la que no hay nada de tiempo para estar solo, intimar con uno mismo, conocerse, pero si lo hay para trabajar hasta que se te quede la silla marcada, ir al gimnasio, ser buena madre, hija, hermana, cuñada, amiga, y gastar hasta que la banda magnética de la tarjeta se desdibuje, pensar en la felicidad, feliciqué, eso qué es.

Tú dame el A, B y C, que yo seré el más infeliz de todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.