La RAE define normal, en su primera definición, como «una cosa que se halla en su estado natural». Por tanto, es una idea contradictoria en si misma porque algo que no está en su estado natural no puede considerarse normal. ¿Acaso no sería más correcto llamarlo \’El nuevo estado de las cosas\’ o ‘La inusual o no normalidad’? Dejando de lado la terminología, en la que solo nos detenemos los puristas, me gustaría ahondar en si realmente existe esa ‘nueva normalidad’ o básicamente se incluye esa frase como titular de facto, pero no de acto.
Sé que cada persona vive las circunstancias de una manera distinta. Algunos somos más sensibles y tenemos más elevado el sentido de la responsabilidad o de la justicia, pero, ¿de verdad es necesario que se use la mascarilla como babero para la barbilla; como pulsera de brazo, que parece que si está ahí, te tomas en serio el llevarla, pero ponértela es otro cantar; o que cuelgue de una oreja a modo «allá voy a ponérmela pero no he llegado a»? Sinceramente, algo hacemos mal y algo sigue teniendo una antigua normalidad en nuestra vida, si tras meses de confinamiento, seguimos viviendo como si nada hubiera pasado. Nos alzamos con la reivindicación de que nos han robado parte de un año que no volverá, por cierto eso nos ha pasado a todos, y que, nos estamos esforzando en vivir por si acaso, que todo sea dicho de paso, no es algo malo pero siempre con responsabilidad, para coger fuerzas por si debemos volver a confinarnos. Pero, francamente, me da bastante que pensar la manera en la que lo estamos haciendo y en cómo nos hemos acostumbrado al modo millennial y a su patente satisfacción inmediata, olvidándonos de que han fallecido, que tengamos constancia, casi 30.000 personas en nuestro país. Pero ya se sabe cómo funciona el egoísta ser humano: si me afecta a mí, me solidarizo. Sino, a vivir que son dos días.
Esta manera de ver la vida me recuerda mucho a un libro que estoy leyendo en estas tardes de verano largas y calurosas, ‘Tierra’ de Eloy Moreno, que describe una sociedad futurista, por el hecho de que un grupo de civiles son elegidos para ir a vivir a Marte, pero bastante del presente en cuanto a cuan aborregados estamos por, entre otros medios, la televisión. Cómo nos engañan, cómo acaban por convencernos de lo que debemos pensar y hacer, y qué poco parece importarnos. Nos dejamos llevar por una masa que vive tan encerrada en consumir todo lo que los gobernantes nos permiten, que olvidamos que, más allá del carpe diem y de las fotos de turno que hay que subir de tu última escapada en Instagram, hay un universo y una cantidad de circunstancias que no controlamos y que, en cualquier momento, puede acabar con nuestra especie.
Cuando salgas a la calle, y pienses en si debes o no ponerte la mascarilla, quizá, y solo quizá, como idea loca, debas salir de tu individualidad y pensar en la sociedad en la que vives. Éste seguramente será un artículo más que no lees hasta el final porque estás cansado de que te digan «qué tienes que hacer en tu verano post covid«, con lo mal que lo has pasado tú (reitero, todos), pero cuidado, que algún día puede tocarte a ti y entonces, no te sorprendas si la sociedad se aferra a su individualidad.


