El otro día charlaba con una amiga de lo que me gustan los números pares, como el 2018, y de lo poco que me apetecía iniciar, a nivel numeral, el 2019. Es contrario a mi situación vital porque el 2018 me ha dado muchas experiencias bonitas, de aprendizaje y de maduración personal a altos niveles. También negativas, claro está, pero en los balances no suelo tender a quedarme con la negativo, o al menos, lo resalto desde un punto de vista de mejora, constructivo, porque creo que de otra manera no serviría más que para lamentarse. Seguramente este post sea de lo más típico estos días pero, siento la necesidad de despedirme no solo del año, sino de este blog. Lo inicié con un propósito muy claro: contar mis experiencias en París, esa ciudad que para mí era paradigma social, económico, cultural, y que tantas alegrías me ha dado. Reconozco, con la boca pequeña, que ‘vivir en’ no es lo mismo que ‘visitar’, pero no me ha hecho apreciar menos la urbe, creo que simplemente me hizo verla de otra manera que no esperaba.
A menudo, y eso es algo que aprendí allí, no debemos esperar nada, sino vivir lo que nos vamos encontrando y estar siempre dispuestos a descubrir y a cambiar nuestros ojos y nuestras ideas. Evolucioné, seguí viajando y ahora estoy afincada en Madrid. Y como eso es la vida, evolucionar, este blog va a pasar a ser una página web. Mantendrá el nombre pero acabará en .com. La nueva página va a traer nuevas entradas, post con diferentes categorías más creativas y sobre todo, una necesidad imperiosa de crear y seguir creando. Gracias por haberme acompañado este tiempo. Os sigo esperando en 2019 que, como dice mi amiga, los años impares son más divertidos y emocionantes que los pares.


