Sale el sol

Te das cuenta cuando vives en una ciudad que no aprecian sus habitantes en cuanto sale el sol. Esa sea posiblemente lo que determine darte cuenta de esta afirmación. Creo que la gente no es consciente de lo que significa vivir en París.

Puede que los extranjeros lo seamos y lo vivamos como un acontecimiento extraordinario cada día que despertamos entre sus calles. Pero para los parisinos vivir en París, tener que hacer largas colas en cada uno de los sitios a los que vayan, sentirse obligados a dejar pasar varios metros o tranvías antes de poder subirse a uno en hora punta (y esto los que lo hacen, la mayoría optan por empujar y tú que estás dentro ya respirarás, y sino es tu problema) y tener que vivir en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo es un engorro. Lo entiendo, también lo sería para mi si fuera parisina.

Pero aquí viene la solución: por eso es tan importante salir de tu zona de confort. Salir de tus calles, tu gente, tu rutina. Tu panadería, la pizzería debajo de tu casa. El kiosco donde compras todos los días el periódico. El supermercado que frecuentas. Que si, que todo eso tiene su parte bucólica. Pero si no sales de ese círculo no puedes empezar a apreciar cosas que jamás te hubieras imaginado que apreciarías. Ni que harías. Como salir del trabajo , ver el cielo azul y un sol reflejándose en los bohemios edificios parisinos y echar a andar. ¿Echar a andar yo teniendo un tranvía que me deja en la puerta de casa? Pues si, ahí está la gracia. Ya llegarás, lo importante es disfrutar de esta hora de sol que te está regalando el día. Porque esto es un regalo en la capital francesa, no nos engañemos, un petit cadeau al que no puedes aferrarte porque mañana, seguramente, llueva. Y pasado. Y al otro hayan nubes. Y al otro.

Mientras yo seré feliz aprovechando estos pequeños ratos andando por París y observando a muchos parisinos como son infelices por vivir en, oh no, París. Yo disfrutaré por todos ellos los olores a croissant recién hecho, los sonidos del pitido de las bicis Vélib, el traqueteo del tranvía, y los charcos de la lluvia que ha dejado de caer para dejar paso al sol.

Porque si algo tiene fecha de caducidad, más vale vivirlo  mientras puedas. Y si no la tiene, hay que consumirlo exactamente con la misma intensidad. Porque nunca sabes cuando volverá a salir el sol.

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